xoves, 25 de febreiro de 2016

No te pares III: La telaraña

La parada fue obligatoria, no fue que sus energías se hubiesen desvanecido y mucho menos sus ánimos; pero aquella obra de arte era digna de ser admirada. Una espesísima telaraña cubría los huecos entre cuatro árboles.
Cientos de arañas se paseaban por ella, por suerte aquellas gafas hacía que parecieran unos entrañables animalitos de 8 patas, con brillantes ojos y aspecto de peluche; mejor no sacarse aquellas lentes pues sabía que sin ellas aquella escena resultaría de todo menos agradable.
Se podían escuchar los murmullos de aquellos arácnidos y al acercarse más consiguió atender a sus conversaciones, eran unos temas muy poco interesantes, el sabor de aquellas moscas, distintos tipos de puntos y el puenting que algunas estaban practicando.
En el último árbol unido por aquella madeja se podía ver como una de ellas saltaba al que aún no había sido tejido, y volvía, y retornaba al de origen, y volvía al que próximamente sería incluido en aquella colección. Aquella araña era la artífice de la obra, y la curiosidad es la curiosidad, vio necesario informarse de lo que allí acontecía.
-Buenas tardes-saludó.
-Buenas tardes, pero estoy muy ocupada, no puedo hablar ahora- respondió apuradamente.
-Oh, es sólo una pregunta… ¿a qué es debido este corte en el camino?
-Es evidente que para atrapar moscas y alimentarme, ¿te crees que sólo tejemos para darle un aspecto fantasmagórico a vuestras casas o que se note que os gusta menos la escoba que a nosotras los insecticidas?- respondió tajante y con tono malhumorado-
Cortada quedó la muchacha ante semejante respuesta.
-Pero… ¿no van a ser muchas moscas para ti?- con voz dulce, amable y pacificadora lanzó esta pregunta.
-Pues evidentemente sí, pero es que en el mundo no estoy yo sola, los míos también necesitan moscas. Y vete ya, que me estás distrayendo.
-¿Me estás diciendo que tejes para toda esa recua?
-Alguien tiene que hacerlo…- dijo medio suspirando.
-Pero, ¿es que ellas no pueden?
-Algunas no, a otras es que no les gusta y he sido incapaz de decirles que no…- cuatro lágrimas empezaron a caer de cuatro de sus ojos.
Agarró a aquella araña (ojalá las gafas mejoraran también el sentido del tacto) y ella revolviéndose agitaba cuatro puños a la vez. –¡Maldita seas! Suéltame estúpida bípeda.- Sin lugar a dudas carácter le sobraba.
-Soy más grande que tú, te guste o no me vas a escuchar. No puedes hacer siempre lo que los demás quieran, mírate, estás exhausta. Claro que deberás ayudar a quien lo necesite, en la medida de tus posibilidades, pero no puedes consentir que recaiga sobre ti tamaña responsabilidad. Mira para ahí, tus compañeras están divirtiéndose, charlando y jugando. Recuerda siempre que lo primero eres tú, tu telaraña y tus moscas. De ahí en adelante lo que quieras para ayudar a los demás, pero también tienes derecho a catar un buen moscardón y lanzarte de la red abajo, que es lo que he concluido que os encanta hacer. Hay tiempo para todo, si entre todas las que podéis colaboráis no os faltarán moscas a ninguna.
                Aquel insecto tenía sus ocho ojos más abiertos que nunca, en todos los sentidos.
                -Ahora me falta decírselo a las demás…- se notó la cobardía en su tono.
                -Tranquila que de eso me encargo yo.- Le dijo mientras la soltaba de sus dedos pulgar e índice para posarla sobre la palma de su mano- ¡Atención!- dijo esto último levantando el tono para reclamar el caso de las demás- Vuestra amiga está cansada, no puede continuar tejiendo ella sola, necesita también divertirse como vosotras, y creo que no me equivoco si digo que entre todas las que sois podréis continuar la obra que ella ha comenzado.
                Se escucharon murmullos del tipo “claro que sí” y “si se lo he dicho mil veces”.
                -Ahora la voy a dejar aquí, para que se entretenga con algo que no sea trabajo, así que algunas deberíais ir al último árbol a continuar lo que ella ya ha comenzado- rápidamente se movieron muchas de ellas a la zona de labor.
                -Muchas gracias chica- dijo con una voz totalmente diferente a la empleada en su presentación.
                -No hay de qué, recuerda siempre que no podemos anteponer nada a nuestro bienestar, si se puede ayudar pues bien; pero cuando no se puede no debes agobiarte tú por ello.
                -Me gustaría hacer algo por ti- dijo.
                Se dejó caer desde su mano hasta sus pies, y comenzó a dar vueltas alrededor de ellos, en un periquete tenía puestos unos calcetines.
                -Llevaba un rato viéndote las magulladuras en los pies, y en esto sí que te podía ayudar. No me gustaría que te fueras sin un recuerdo de mí.
                Se sonrieron con complicidad y mientras una trepaba por la telaraña, la otra echó a andar con sus pies protegidos para el camino que debía continuar.   


                                                                         …continuará…